El invierno en el Atlántico puede ser duro y cambiante, pero en las Islas Canarias sucede algo singular. Mientras muchas zonas del océano se enfrían y se vuelven más inestables, las aguas que rodean Tenerife mantienen unas condiciones muy favorables para la vida marina. Por eso, cada año, numerosos cetáceos eligen este entorno como zona de residencia, migración o descanso. Comprender las razones de esta elección ayuda a valorar aún más este ecosistema y a observar cetáceos en la isla con una mirada más consciente.

Una de las claves es la temperatura estable del agua. El clima subtropical de Canarias mantiene el mar entre 18 y 24 grados incluso en pleno invierno, lo que crea un refugio natural para especies que buscan evitar el frío intenso del Atlántico norte. Para diferentes especies migratorias, esta estabilidad térmica reduce el gasto energético y favorece un entorno ideal para alimentarse, socializar y criar a sus crías.

Otro motivo fundamental es la riqueza del fondo marino. Frente a la costa suroeste de Tenerife, especialmente entre Los Cristianos, Costa Adeje y Los Gigantes, el relieve submarino presenta cañones, plataformas y zonas de gran profundidad situadas muy cerca de la costa. Estas características favorecen la concentración de nutrientes, peces y calamares gigantes, que atraen a depredadores como los calderones tropicales y los delfines mulares. Tenerife, de hecho, alberga una de las pocas poblaciones residentes de calderón tropical del mundo, presente durante todo el año en estas aguas, en gran parte también por ese alimento.

El tránsito migratorio también convierte al archipiélago canario en un punto clave durante el invierno. En esta época, especies como los rorcuales tropicales o los delfines comunes pueden cruzar estas aguas en sus rutas estacionales, aprovechando la abundancia de alimento y la relativa tranquilidad del entorno. Esto explica por qué el invierno es uno de los mejores momentos para observar una mayor diversidad de cetáceos en movimiento.

Las aguas canarias ofrecen un ambiente más adecuado para que los cetáceos descansen, se alimenten y cuiden de sus crías. 

La normativa de observación responsable, una de las más avanzadas de Europa, contribuye a que estos animales puedan mantener sus comportamientos naturales sin interferencias.

Por todas estas razones, el invierno en Tenerife no solo es un momento excelente para el avistamiento, sino también una oportunidad para comprender por qué las aguas canarias se han convertido en un auténtico refugio natural para tantas especies. 

Y por eso cada excursión con nuestro equipo permite descubrir un océano vivo, diverso y sorprendente.

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