La Macaronesia es uno de los grandes corredores naturales del Atlántico, un conjunto de archipiélagos que incluye Canarias, Madeira, Azores y Cabo Verde. Es mucho más que un conjunto de archipiélagos en el Atlántico.

Vista desde el océano, funciona como una enorme red de autopistas marinas que conectan a miles de animales a lo largo del año.  Entre estas rutas, Tenerife ocupa una posición estratégica que convierte sus aguas en un punto de paso excepcional para diversas especies de cetáceos que viajan entre el Atlántico Norte y las zonas tropicales.

Dentro de estas rutas, Tenerife ocupa una posición estratégica que convierte sus aguas en un punto de paso excepcional para diversas especies de cetáceos que se desplazan entre el Atlántico Norte y las regiones tropicales.

Las migraciones no ocurren al azar. Los cetáceos se mueven siguiendo las corrientes, la temperatura del agua, la disponibilidad de alimento y rutas que han sido aprendidas y transmitidas de generación en generación. La Corriente de Canarias, que fluye hacia el suroeste, crea un corredor oceánico estable que facilita los desplazamientos estacionales de muchas especies. A esto se suma la temperatura relativamente constante del agua alrededor de Tenerife, que rara vez desciende por debajo de los 18°C incluso en invierno, ofreciendo un entorno más templado que el Atlántico abierto.

El siguiente gráfico muestra cómo estas condiciones oceánicas se reflejan en los avistamientos estacionales durante 2025.

 

Lo interesante es que estas rutas pasan muy cerca de la isla sin necesidad de que los animales se acerquen a la costa. Las grandes profundidades que se alcanzan a pocos kilómetros del litoral permiten a estos cetáceos seguir su viaje sin desviarse, lo que explica por qué Tenerife es uno de los pocos lugares del mundo donde la migración puede observarse tan cerca del continente.

Para nuestro equipo, estos avistamientos migratorios son especiales porque reflejan el movimiento natural del océano. No forman parte del día a día como nuestros residentes, pero cuando aparecen permiten entender mejor la magnitud de estos viajes.  Cada especie aporta información sobre el estado del océano, las rutas que mantienen y los cambios que pueden estar experimentando por variaciones en el clima o en la disponibilidad de alimento.

Observar la migración desde Tenerife es un recordatorio de que la isla se encuentra en un punto clave del Atlántico. Es un lugar donde se cruzan rutas, generaciones y destinos. Y cada encuentro en el mar es una señal de que estas autopistas invisibles siguen vivas, conectando territorios y manteniendo el pulso del océano en movimiento.

Únete a la aventura con nosotros reservando tu plaza en whalewatchtenerife.org